7 de junio de 2017

"Cáscara de nuez", de Ian McEwan

Cáscara de nuez Ian McEwan
FICHA TÉCNICA:
Género: Narrativa
Traducción: Jaime Zulaika 
Editorial: Anagrama

SINOPSIS: 
Trudy mantiene una relación adúltera con Claude, hermano de su marido John. Éste, poeta y editor de poesía, es un soñador depresivo con tendencia a la obesidad cuyo matrimonio se está desintegrando. Claude es más pragmático y trabaja en negocios inmobiliarios. La pareja de amantes concibe un plan: asesinar a John envenenándolo. El motivo: una mansión georgiana valorada en unos ocho millones de libras que, si John muere, heredará Trudy.
Pero resulta que hay un testigo de esta maquinación criminal: el feto que Trudy lleva en sus entrañas. Y en una pirueta de triple salto mortal que parece imposible de sostener pero le sale redonda, McEwan convierte al feto –al que todavía no han puesto nombre porque no ha nacido– en el narrador de la novela, desde la primera página hasta la última.
Lo que sigue es una mezcla genial de comedia negra, trama detectivesca y astuta reescritura intrauterina de un gran clásico, por cuyas páginas asoman también una joven poetisa amante de John y una bregada inspectora de policía. Pero además de observar desde primera fila los preparativos del asesinato de su padre a manos de su madre, el feto filosofa sobre el mundo y la vida, lanza preguntas incómodas y se lo cuestiona todo, mientras las copas de vino –y alguna bebida de más graduación– que bebe su madre tienen efectos mareantes sobre él.
Jugando con un narrador inaudito, Ian McEwan plantea un audaz experimento literario que es un auténtico tour de force sólo al alcance de un escritor superdotado. Y el resultado es una novela redonda que avanza con el palpitante ritmo de un thriller, trufada del mejor humor británico.

OPINIÓN:
“Cáscara de nuez” tiene un narrador peculiar, un feto al que le quedan pocas semanas para nacer. Obviando la inverosimilitud del protagonista, es a través de lo que siente, oye e imagina como descubrimos el entorno que le rodea: su madre, Trudy, y su amante, Claude, pretenden deshacerse de su padre. Desde su impotencia que le impide actuar y una lucidez y razonamiento que corresponde al mundo adulto, somos espectadores del desarrollo de la intriga en cuestión y de las numerosas reflexiones del feto, probablemente las del mismo autor.
A parte de la pequeña dosis de misterio que aporta la trama, junto a las incertidumbres del feto, destacan sus divagaciones: filosóficas, éticas, críticas con muchos aspectos de la sociedad, y que además contienen mucho humor. La prosa me ha parecido soberbia, con algunas frases geniales, como la divertida "No todo el mundo sabe lo que es tener a unos centímetros de la nariz el pene del rival de tu padre”, o la reflexiva “La felicidad prolongada es el auténtico aburrimiento existencial".
El título y el epígrafe del libro recuerdan la conocida frase de “Hamlet”: “podría estar encerrado en la cáscara de una nuez y sentirme rey del infinito espacio”. Cuando empezamos el libro el paralelismo aumenta, evidente con los nombres de los personajes –Claude y Trudy recuerdan a Claudio y Gertrudis de la obra de Shakespeare–. En cierto modo el autor reescribe la tragedia a su manera particular.
Éste es el segundo libro que leo de Ian McEwan, y a pesar de que alguna de las divagaciones se me ha hecho un poco pesada, me ha parecido una lectura ingeniosa y muy buena, y sobre todo entretenida y divertida
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Esther Rodríguez

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